Transformación es lo que sucede al despertar un día y percibir que tu mundo ha cambiado.
Sabes lo que no quieres, cuáles son tus límites; quieres explorar. Te rindes a la curiosidad y te lanzas, aunque sea despacito y con temor, a lo que te es desconocido.
Transformación es que ya no estás dispuesta a tolerar excusas y mentiras; ni siquiera las combates o te das por aludida. Sólo descubren la cara de quien las esgrime y te resulta indiferente si creen que has caído en el engaño.
Cuando dejas de juzgarte de forma severa en todo lo que haces, asimilas quién eres, qué tienes y que, a pesar de tus muchos defectos, hay algo bueno que los demás aprecian y que forma parte de ti.
No deseas volver a lo de antes, a la vida complaciente y anodina que te deja un regusto amargo en tus momentos de soledad.
El momento en que ya no esperas nada, ni quieres migajas de la compañía de nadie para sentir que tu vida tiene sentido. Por encima de todo es necesario quererte a ti y anhelar tu compañía; una vez asimilado el concepto, tiempo habrá de repartir amor a los demás.
No ser esclavo de nadie, ni siquiera de tus pasiones. No poseer ni ser propiedad de otros; ser libre, abrir tus ventanas y que el sol entre a raudales por cada poro de tu piel.
Encender tu luz y ser tu propio faro.
Tener los pies en la tierra y también volar, dejar de contar los días… los años. Aprender que los números son solo eso: dígitos a los que hay que dar su justo valor, no más.
Ser consciente de que tu vida es una puerta giratoria. Habrá quien entre y se irá, otros permanecerán más tiempo. Los mejores se quedarán contigo y estarán dentro de ti, así pasen la distancia o el tiempo. Dar a cada cual el valor que merece y no tener miedo a decir lo que sientes.
Llorar las pérdidas como posesa si te lo piden las entrañas, volverte loca o permanecer en silencio. Retener en la memoria que, después de la lluvia, volverá a brillar el sol. Eres dueña de tus sentimientos y los dejarás fluir como te dicte el corazón.
Disfrutar las cosas de siempre, las nuevas, del sexo, la seducción y el deseo; quitarte los zapatos y bailar como nunca lo has hecho. Gozar de cuanto te haga subir a los cielos.
Has olvidado los prejuicios que te han acompañado a lo largo de tu vida. Ya no peleas guerras que no son tuyas; que cada cual libre sus propias batallas, como tú lo haces con las propias.
Transformación es la certeza de ser ángel y demonio, que existe un monstruo que en ocasiones sale, causa dolor y desastres por doquier y el trabajo interior exige domar a la fiera.
Caminaste con un equipaje que no te pertenece y, tras soltar ese peso, te encuentras ligera y abierta a conocer nuevos paisajes, vivir aventuras y disfrutar lo que la vida ha puesto ante ti. Te has despojado de la ropa. Ahora caminas desnuda, aunque vayas vestida para el resto del mundo.
Encarnas decisión, timidez y miedo a partes iguales. Trabajas tu propia sombra y sigues adelante con ese cambio. Te gusta el camino y, aunque los pasos sean cortos, has decidido seguirlo y ver dónde te lleva.
Estás conociendo un mundo que era oscuro para ti; que te ilumina, te empodera y te hace sentir viva. Con sus luces y sombras, es aire fresco.
Hay revoluciones que no hacen ruido hacia fuera. En tu interior se ha producido un terremoto y han cambiado tus prioridades.
Te has obligado a mirarte al espejo y sostenerte la mirada. Te gusta el reflejo que este te ha devuelto.
Esto eres tú: creces, avanzas, construyes, te has transformado.
Esta soy yo.

“Quien mira hacia afuera, sueña; quien mira hacia adentro, despierta”. —Carl Gustav Jung.
