Si ha habido un año de acontecimientos, este, sin lugar a dudas, ha sido 2025. Y como ocurrió con el anterior, toca hacer un nuevo balance.
Lo comencé sin proyectos, ni expectativas. Un día más, un año más. Quizá por ello, todo lo que ha traído, bueno y malo, lo gestioné tal cual llegó. Si hay que hacer propósitos para cambiar la vida de un@, no es necesario empezar el 1 de enero.
El año de enfrentarme a lo desconocido, lo divertido, a lo desagradable y salir airosa de las experiencias. De pronunciar lo que daba pavor. Hablar de todo, sin medias tintas ni tapujos. De reír a carcajadas y llorar lo que dolió, que también 2025 dejó alguna que otra ración.
Un periodo de soltar y evadirse, dejando atrás lo que ocupaba espacio inútil en mi mochila. Aceptar los cambios —algo que en mí nunca fue sencillo—, asumir decepciones con un par, sacudirme el polvo, curar heridas y seguir adelante. Tiempo de abrazar lo nuevo, sentirme viva, aprender y disfrutar; hacer, pensar y sentir lo inimaginable. Abrir la puerta y, al mismo tiempo, dejar ir aquello que ya no vibra. Queda mucho trabajo por hacer. Siempre en construcción.
He conocido gente encantadora. Otra llegó y se fue con la misma velocidad. Bienvenidas, despedidas, los de siempre; hay cosas que nunca cambiarán.
El año de las palabras, propias y ajenas, que se han repetido a lo largo de estos casi 365 días. Me quedaré con una que ha configurado muchos ámbitos de mi vida: Catarsis.
También ha sido el de las preguntas: ¿qué haces? ¿qué buscas? ¿qué quieres? Hechas a mí misma y formuladas a mí y, por mí, a otras personas.
De mi paso por Internet en donde continúo, solo puedo decir una cosa: ¡Larga vida al mundo de la óptica solar!
Se han cumplido sueños, quedando aún muchos por realizar. Siguiendo la premisa de uno de mis libros favoritos: “Deséalo tanto que el Universo no tenga más remedio que dártelo”.
A pesar de los pesares, mi intuición no me ha fallado, pero en innumerables ocasiones he seguido ignorándola. Las pocas veces que la he escuchado ha sido para bien. En lo sucesivo habrá que atenderla, porque es más sabia que yo.
El año de desechar típicos tópicos y de haber constatado que el acervo popular se equivoca de plano. Los refranes, a veces, no son ley; tres no es multitud y no hay que cuidarse de aquello que se desea.
He conocido el amor, me he enamorado de la persona idónea, la que mejor me conoce. Alguien que me ha empujado; me ha hecho salir del rincón y no me juzga. Una persona que a pesar de sus miedos, intenta superarlos. Me he enamorado de la mujer que quiero ser.
Además de mi periplo de descubrimientos personales, no todo ha sido profundo ni revelador, hay básicos más mundanos que siguen ahí…
Al igual que en el pasado, anhelo compañía masculina, cuando algo que vuela, salta o corre por las paredes, intenta colarse de okupa en mi casa. Los gritos, los ascos, y un terror infinito se apoderan de mi, cuando decido condenarlos a muerte y sola, debo ejercer de verdugo.
Sigo con mi melena, que da mucho trabajo, me tiene cabeza abajo y se dispersa por los suelos de mi casa. Antiguamente, me quejaba de los pelos que soltaban mis perros… ahora el perro soy yo. ¿Las uñas? ¡Muy bien, gracias!
Mi afición por las cremas, no ha mermado lo más mínimo. Y mucho me temo que con mi edad y la coquetería propia de mi sexo, tiende a ir en aumento. Aún no he descubierto el elixir infalible que te quite arrugas, ojeras o te ponga un rostro luminoso y con algunos años menos. Si nos venimos arriba, y dejamos volar la imaginación —y la cuenta corriente— un cirujano plástico sería lo más efectivo, para salir de una clínica y que cuando llegues a casa, tengas ese cuerpazo y tanto glamour, que no te reconozcan ni los vecinos.
Mi peculiar carácter familiar sigue ahí. Debo hacer grandes esfuerzos por dominarlo y que no salga disparado —la mayoría de veces él me domina a mí—, cuando no me gusta lo que sucede a mi alrededor y me convierta en una mini bomba atómica con piernas. En honor a la verdad y aunque pasen muchos años, creo que seguirá igual.
Plasmar en el blog todo aquello que pasa por mi mente, es algo que no cambiará. Tampoco ha variado mi opinión, respecto al propósito por el que lo creé. Quisiera escribir aquello que aún no encontré mi habitual forma de contarlo: que, a pesar de su contenido, cada cual lo interprete o entienda como le plazca. Todo eso, de momento se queda solo para mí.
Con todo lo pasado, ha sido un año de sorpresas; unas buenas, otras no tanto. Se podría hacer un post muy largo, porque 12 meses dan para escribir mucho. Hay días anodinos y otros que son explosivos, desde que se despierta la neurona, hasta que se vuelve a la cama.
Esperemos que 2026 sea mejor que el que se acaba. Que entreguemos lo mejor de nosotros; recibamos con fuerza y paciencia los contratiempos, con alegría lo que traiga de bueno.
Este es mi balance personal de 2025. Además de los consabidos, salud, dinero… Yo le pediría tener siempre la mente abierta tanto para mí, como para los demás, seguir aprendiendo; continuar con mi cambio interior. Que lo bueno de mi vida no desaparezca. Explorar y dejarme llevar… solo fluir.
Aprende de lo que vivas, pero quédate con aquello que te haga feliz. CG.

El tiempo saca a la luz todo lo que está oculto y encubre y esconde lo que ahora brilla con el más grande esplendor. Horacio
